La vida de los martes.

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Mamá. Sólo pienso en ti.

A todas horas desde que soy madre.

Te eché de menos después de dar a luz, cuando quise que estuvieras allí para preguntarme cómo estaba yo.
Yo quería que me enseñaras a ser madre.
A quién se le ocurre irse tan pronto y sin avisar.

Ya no estoy enfadada, pero no entiendo por qué tuve que vivirlo así.

Papá sabe que le estás esperando, pero yo le digo que todavía le quedan años conmigo. Este verano me dijo que te echaba de menos y pensé: joder, cómo de increíble tenías que ser para que alguien te quisiera así.

Cuando coge a mi hija y la mira, sé que está pensando en ti. Se imaginaba esta etapa contigo.

Os he imaginado en la Playa de la Muralla mirando al mar.
Y, en la orilla, una niña donde estaba yo hace veinticuatro años.
También se llama Carmen. Tu nieta. Mi hija.
Recogiendo conchas. Alejándose, pero alzando la vista para asegurarse de que seguíais ahí.

Y pienso que llevo veinticuatro años haciendo exactamente eso.
Alejándome. Creciendo. Haciendo mi vida.
Pero alzando la vista para asegurarme de que sigues ahí.

Ahora me toca hacer algo tremendamente injusto: hablarle a mi hija de ti.
Contarle cómo eras, cuánto la habrías querido y que hubo una abuela que no llegó a conocerla y se habría desvivido con ella.
Intentaré que te conozca a través de mí.

Hay muchas cosas de ti que ya no recuerdo, porque el tiempo se las ha ido llevando.
Pero hay una que no he olvidado nunca:
cómo me querías.

Y quizá por eso ahora que soy madre pienso tanto en ti.
Porque cuando miro a mi Carmen y siento este amor tan absurdo, tan inmenso, tan animal, entiendo que tú me mirabas igual.

Y joder, mamá.
Cómo me habría gustado saberlo entonces.

Si pudiera pedir una sola cosa, no te preguntaría por qué te fuiste.
Solo cinco minutos.
Para ponerte a mi hija en los brazos.
Para verte mirarla.
Para verte mirarme después.
Creo que con eso me bastaría.

Luego podrías volver a sentarte con papá en la Playa de la Muralla, mirando al mar.
Y yo me iría con mi hija de la mano.
Aunque antes de irme me giraría una vez más.
Solo para asegurarme de que seguís ahí.
Como llevo haciendo veinticuatro años.

Te echo muchísimo de menos, mamá.
Y desde que soy madre, todavía más.

Si quieres seguir leyendo: Hoy mi madre cumpliría 71 años.


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